Tarot Zen
por Osho
El Rebelde
La gente tiene miedo, tiene mucho miedo de aquellos que se conocen a sí mismos. Ellos tienen un cierto poder, una cierta aura y un cierto magnetismo, un carisma que puede sacar fuera de sus prisiones tradicionales a la gente joven y vital...
El hombre iluminado no puede ser esclavizado: esta es la dificultad. Y no puede ser encarcelado... Cada genio que ha conocido algo de lo interior, va a ser, con seguridad, difícil que sea dominado. Será una fuerza preocupante.
Las masas no quieren ser perturbadas aún cuando puedan estar en la miseria. Están en la miseria pero están acostumbradas a ella y cualquiera que no sea miserable parece un extraño.
El hombre iluminado es el extraño más grande el mundo. Parece como si no perteneciese a nadie. Ninguna organización lo puede confinar ninguna comunidad, ninguna sociedad, ninguna nación.
La
poderosa figura autoritaria de esta carta, es claramente el maestro de su
propio destino. Sobre su hombro esta el emblema del sol y la antorcha que
sostiene en su mano derecha simboliza la luz de su verdad ganada duramente.
Independientemente de que sea rico o pobre, el rebelde es realmente un emperador porque ha roto las cadenas de los condicionamientos represivos y opiniones de la sociedad. Él se ha hecho a sí mismo, abrazando todos los colores del arco iris, surgiendo de las raíces oscuras y sin forma de su pasado inconsciente y desarrollando alas para volar en el cielo. Su propia forma de ser es rebelde, no porque esté luchando contra alguien o contra algo, sino porque ha descubierto su propia naturaleza verdadera y está determinado a vivir de acuerdo con ella. El Águila es su animal espiritual, un mensajero entre la tierra y el cielo. El rebelde nos desafía a ser lo suficientemente valerosos para asumir la responsabilidad de lo que somos y vivir nuestra verdad.

Contando Historias
El muñeco de nieve
Había dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad, salieron de casa y
empezaron a corretear por la blanca y mullida alfombra recién formada.
La hija del herrero, tomando puñados de nieve con sus manitas hábiles, se
entrego a la tarea de moldearla.
-Haré un muñeco como el hermanito que hubiera deseado tener, se dijo.
Le salió un niñito precioso, redondo, con ojos de carbón y un botón rojo por
boca. La pequeña estaba entusiasmada con su obra y convirtió al muñeco en su
inseparable compañero durante los tristes días de aquel invierno. Le hablaba,
le mimaba...
Pero pronto los días empezaron a ser más largos y los rayos de sol más
calidos... El muñeco se fundió sin dejar más rastro de su existencia que un
charquito con dos carbones y un botón rojo. La niña lloro con desconsuelo.
Un viejecito, que buscaba en el sol tibieza para su invierno, le dijo
dulcemente: Seca tus lágrimas, bonita, porque acabas de recibir una gran
lección: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas perecederas.
Todo en la vida es efímero, sin embargo nos aferramos a: lo transitorio, lo
instantáneo, lo fugaz, lo pasajero, lo breve; en definitiva a todo lo que es
perecedero. Sin embargo, damos poca importancia a lo continuado, a lo
permanente, a lo duradero, a lo perenne; en definitiva, al Alma que es eterna.
Cuatro tipos de hombres
En una ocasión el discípulo le preguntó al Maestro:
-¿Por qué Dios había creado hombres egoístas y hombres generosos?
El Maestro le dijo al discípulo:
-Existen cuatro tipos de personas: El justo que habla: “Lo que es mío es mío;
lo tuyo es tuyo”. El enamorado que exclama: “Lo que es mío es tuyo; lo tuyo es
mío”. El egoísta que piensa: “Lo mío es mío; lo tuyo es mío”. El Santo que
obra: “Lo que es mío es tuyo; lo tuyo, es tuyo”.
El obstáculo
Se cuenta que un caluroso día de verano, había un anciano parado en la esquina
de la calle, “matando el tiempo” y riéndose como un loco.
-¿De qué te ríes? -Le preguntó un transeúnte.
-¿Ves esa piedra que hay en la otra acera? Desde que llegué aquí esta mañana,
ocho personas han tropezado en ella y la han maldecido, pero ninguna de ellas
se ha tomado la molestia de retirarla para que no tropezaran otros.
Frecuentemente nos quejamos de que las cosas no salen como esperábamos,
pero no ponemos el remedio para que no vuelvan a suceder y menos aún allanamos
el camino para los que vienen detrás. Eliminar los obstáculos del camino para
el beneficio de los demás es un acto de buena voluntad.
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