La Sabiduría de la Kabbalah


 

Un autobús escolar tiene un accidente y todas las personas que iban en él salen ilesas. Una pareja que ha estado intentando concebir un hijo durante diez años, finalmente lo consigue y da a luz a un bebé completamente sano. Un hombre que es diagnosticado con cáncer terminal, acaba viviendo veinte felices años más de los que esperaba. El presidente de una gran compañía pasa un día entero sin gritar, regañar o despedir sin motivo a ninguno de sus empleados.

 

¿Cuál de los anteriores sucesos es el milagro más grande? No voy a responder a esa pregunta, sino que voy a dejar que tú lo hagas.

 

Hace 3.500 años, Moisés y los Israelitas se enfrentaron a una decisión crucial: ahogarse en el Mar Rojo que estaba frente a ellos o ser ejecutados por los egipcios que les perseguían. Cuando Moisés le gritó a Dios pidiéndole la salvación, el Creador le respondió con la famosa frase: «¿Por qué me estás gritando a mí?»

 

En ese momento, un solo hombre empezó a caminar lentamente hacia el mar. Cuando el agua alcanzó su barbilla, el mar empezó a partirse.

 

Entonces, yo te pregunto: ¿quién lo hizo? ¿Dios? ¿Moisés? ¿Los Israelitas?

 

La lección aquí es que Dios es una fuerza infinitamente poderosa. Tú creas tus propios milagros cuando te conectas con éxito a esta fuerza infinita de bondad; pero ten en cuenta que la conexión es el concepto clave aquí.

 

Cuando ese hombre caminó hacia el mar, no estaba cometiendo suicidio, estaba usando su certeza y su propia incomodidad para entrar en el mundo de los milagros. Es nuestro trabajo, nuestro esfuerzo físico, emocional y espiritual lo que trae aquello más inesperado a nuestro mundo. No importa en qué área estés esperando que suceda algo extraordinario en tu vida, debes recordar que los milagros no te suceden, sino que tú eres quien los crea.

 

A través de tu esfuerzo de mantener una fuerte conciencia y conexión con la Luz, puedes crear tu destino. Fortalece esta habilidad.

 

En la vida siempre hay montañas y colinas que escalar. Es fácil ver cómo subir la colina, pero cuando te encuentras a los pies de una montaña llamada cáncer, divorcio, bancarrota, muerte, desesperanza o cualquier cosa que tú percibas como algo insuperable, debes hacerte la siguiente pregunta:

 

"¿Creo realmente que lo que estoy aprendiendo espiritualmente puede ayudarme a hacer que esto suceda?" Ninguno de nosotros puede decir "he llegado a dominar totalmente mi certeza", pero en el mismo grado en que podemos afirmar que sí, es el grado en el cual podemos realizar hazañas asombrosas.

 

¿Te vas a quedar mirando esa montaña para siempre? Empieza a subirla…

Todo lo mejor,

 

Yehudá | www.kabbalah.com

 

 


 

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