La Novena Revelación


James Redfield

 

Después de abandonar la belleza apartada de la Posada Vicente, nuestro personaje y Wil se internan en las montañas y continúan su viaje hacia los picos más altos. «Mantente alerta —dice Wil— porque ahora las coincidencias se producirán en forma regular y debes observar los hechos atentamente.» Casi como un eco, los dos paran para pasar la noche y son testigos de una escena explosiva entre miembros de una familia durante la cena. En momentos en que nuestro aventurero analiza la idea de que la energía fluye entre las personas, él y Wil se encuentran inesperadamente con un psicólogo que estudia el conflicto humano. Nuestro personaje experimenta directamente el movimiento de la energía al verse capturado, sucesivamente por Marjorie, la investigadora de Vicente y luego interrogado por Jensen, un arqueólogo que también busca el Manuscrito. Bajo la influencia de Jensen, empieza a sentirse confundido y a no saber qué hacer. Wil llega justo a tiempo para convencerlo de continuar con la búsqueda del resto del Manuscrito.

 

La Cuarta Revelación nos dice que los seres humanos competimos entre sí por la energía. Lo hacemos inconscientemente en cada encuentro. Observando nuestras interacciones y las de los demás, podemos tomar conciencia de esta competencia y empezar a comprender la naturaleza implícita del conflicto humano. Al ser más conscientes también nos damos cuenta de que la energía adquirida de esta forma no dura mucho tiempo. Una mayor concientización nos permite ver que la verdadera energía que buscamos procede de una fuente universal. No tenemos por qué obtenerla de otra persona. A medida que somos más conscientes de nuestra tendencia a controlar, a debilitar, a ser más vivos y a complacer a los demás, empezamos a perder estos hábitos.

 

La lucha por el poder

Es posible que la lucha por el poder empiece ya con los primeros gritos que damos para anunciar nuestro ingreso en el mundo. Nuestro instinto de supervivencia está acompañado por las necesidades psicológicas y espirituales de seguridad, intimidad, bienestar financiero, un sentido de pertenencia, reconocimiento y control sobre nuestras vidas. El tratar de mantener nuestras necesidades en una suerte de equilibrio precede todo lo que intentamos realizar en el mundo exterior. Cuando aparece una necesidad tendemos a concentrar toda nuestra energía para satisfacerla.

 

La temprana infancia

El «tener que controlar» para mantener la energía es una situación que empieza en la infancia. De chicos, para sobrevivir, dependemos de los adultos que nos cuidan y desarrollamos formas muy específicas de obtener energía de nuestro sistema familiar. Recibir amor suficiente para sentirnos seguros y el reconocimiento suficiente que nos ayude a formar nuestra identidad es crucial para nuestro desarrollo. Ana Frank, que escribió con tanta percepción sobre su vida familiar en su Libro El Diario de una Joven, expresó sus sentimientos en cuanto al equilibrio de poder entre ella misma, su hermana, Margot y su padre: Con papá es distinto. Si alza a Margot, por ejemplo, aprueba lo que hace, la elogia y la acaricia, algo me carcome interiormente porque adoro a papá. Es a él a quien miro. Es lo único que amo en el mundo. No se da cuenta de que no me trata como a Margot. Claro, Margot es la chica más linda, más dulce y más bella del mundo. Pero de todos modos, tengo derecho a que me tomen en serio a mí también. Siempre fui la tonta, la que no hace nada bien en la familia. Siempre tuve que pagar el doble por mis acciones, primero con retos y después nuevamente por la forma en que quedan heridos mis sentimientos. Pero ya no estoy para nada satisfecha con este aparente favoritismo. Quiero algo de papá que él no es capaz de darme... Es que ansío el amor real de papá: no sólo como su hija, sino como yo, Ana, yo misma.

Las palabras de Ana nos hablan a todos aquellos que vivimos la rivalidad entre hermanos, la competencia, la incapacidad de agradar a la persona que amamos y el sentimiento de ser invisibles. Los vestigios languidecientes del dolor temprano, el desdén, el maltrato, el miedo, el abandono, la indiferencia y la culpa constituyen el caldo de cultivo de nuestra lucha por controlar. Los embalamos junto con nuestros cuerpos desarrollados y nuestros diplomas al convertirnos en adultos y finalmente estas experiencias tempranas desencadenan la formación de estilos particulares de obtención de energía.

 

La vida cotidiana es el intercambio de energía

Tal como lo muestran claramente la Tercera y la Cuarta Revelaciones, el intercambio de energía se produce de una manera tan constante y generalizada que prácticamente no somos conscientes de él, hasta que nuestra energía drena o aumenta perceptiblemente. Un médico, el doctor Eric Berne, describió en forma brillante un modelo de intercambio de energía en la década del ’60 en un sistema que llamó análisis transaccional.

 

Al analizar las transacciones entre las personas, Berne y otros identificaron de qué manera todos rivalizamos por atraer la atención. En términos transaccionales, los sentimientos positivos o la atención se denominan strokes. Al madurar, la atención positiva (o strokes) nos ayuda a desarrollar un sentido de que estamos bien, de que valemos y somos importantes en el esquema de las cosas. De la misma manera en que aprendemos nuestro idioma nativo, adoptamos el lenguaje del intercambio social. Estos dispositivos constituyen nuestra forma habitual de dar y recibir energía sin tener que pensar demasiado al respecto y tendemos a quedarnos atascados en técnicas particulares que resultaron efectivas con nuestra familia.

 

Berne escribió: Las posiciones se adoptan y se fijan asombrosamente temprano, a partir del segundo o incluso el primer año hasta el séptimo año de vida... es fácil deducir, por la posición de un individuo, el tipo de infancia que tuvo. Salvo que algo o alguien intervenga, se pasa el resto de la vida estabilizando su posición y enfrentando situaciones que la amenazan: evitándolas, defendiéndose de determinados elementos o manipulándolas para transformarlas de amenazas en justificaciones.

 

Dejar de lado el esfuerzo para atraer la atención

En la infancia tenemos pocas defensas del yo para comprender o defendernos de ser ignorados, ridiculizados y criticados. Cuando crecemos, los encuentros negativos acumulados afectan nuestra autoevaluación y nuestras expectativas respecto del mundo. Tenemos un déficit y un deseo natural de compensarlo quitándoles energía a los demás. Por ejemplo: tal vez recuerdes alguna oportunidad en que estabas en un grupo en el que la conversación se desarrollaba en forma animada. Esperabas la oportunidad para intervenir y contar una historia, cuando finalmente se produjo un hueco. Justo en el momento en que dijiste las primeras palabras de tu relato, la conversación se reanudó como si Tú ni siquiera estuvieras allí. ¿Te volviste hacia alguien cercano para tratar de disimular tu comienzo frustrado? En ese momento perdiste energía.

 

Para volver a obtenerla, tuviste que enganchar a esa persona, a su energía y desviar tu atención de la conversación general. ¿Viste cómo los ojos de esa persona se fijaron en ti o miró, quizás, a los otros para ver si la conversación del grupo era más interesante? ¿Cómo te sentiste, si esa persona dirigió su atención al grupo, haciendo con ello que fueras ignorado dos veces, primero por el grupo y después por el individuo? ¿Cómo sentiste el flujo de energía al darte cuenta de que nadie te escuchaba? Probablemente te sentiste un poco disminuido o invisible incluso. Tal vez reafirmaste tu tendencia natural de ponerte a salvo y ser indiferente y tranquilo, o quizá respondiste de una forma más agresiva, exigiendo reconocimiento. Según su autoestima de ese momento, te encogiste de hombros, te culpaste por la falta de firmeza o te enfadaste con los demás por su falta de sensibilidad.

 

Ser conscientes de cómo nos disminuimos a nosotros mismos nos ayuda a asumir la responsabilidad por nuestra participación en un intercambio negativo de energía.

 

Los estados del yo

Como ya veremos en la Sexta Revelación, las posiciones fijas del yo desencadenan un estilo dramático recurrente llamado drama de control. Las posiciones describen tres actitudes importantes. Estas actitudes, descriptas en el libro de Berne, Games People Play, se definen como los estados del yo Padre, Hijo y Adulto. El estado del yo Padre corresponde a los dramas de control más agresivos: del «Intimidador» y el «Interrogador». El estado del yo Hijo corresponde a los dramas más pasivos: «Pobre de Mí» e «Indiferente». El estado Adulto, una vez que se expande hasta incluir la conexión con el sí mismo superior, corresponde al estado enriquecido de crecimiento sincrónico. Tomar conciencia de estos estados del yo resulta útil para comprender hasta qué punto pueden ser complejas nuestras interacciones.

 

Luchas de poder y estados del yo

Las luchas irracionales por el poder se producen cuando vemos que perdemos energía porque alguien manipula nuestra atención y respondemos al ataque para controlar la situación.

Para empezar a desengancharnos de la necesidad de controlar, lo mejor que podemos hacer es concentrarnos en nuestros sentimientos en el momento en que nos sentimos atrapados o ansiosos. No tenemos por qué analizar a otras personas ni tratar de cambiarlas. Todo lo que necesitamos es preguntarnos: «¿Qué siento en este momento? ¿Qué necesito?». Una vez que nos conectamos con nuestro yo interior y nuestros sentimientos a nivel visceral, podemos movernos dentro del modo adulto —aceptando disentir, sin necesidad de ganar—y luego centrar la atención en aprovechar la fuente universal de energía.

Empieza a tomar una mayor conciencia de tus interacciones diarias y ve si tiendes a comunicarte desde tu voz de Padre, Niño o Adulto. Observa la diferencia en el flujo de energía entre tus pares y los que están por encima y por debajo de ti en la jerarquía en tu lugar de trabajo.

 

Cuando las personas voluntariamente nos dan su energía y su poder

En La Novena Revelación nuestro principal personaje de pronto vuelve a encontrarse con Marjorie, una de las investigadoras de la Posada Vicente. Charlando juntos en un café, nota que habla animadamente con ella y durante mucho tiempo. La energía que ella le transmite lo hace sentir expansivo y vivo. A esa altura de su desarrollo, el encuentro sirve para demostrar cómo fluye la energía entre las personas. Más adelante en el libro, le advierten que a menos que dos personas se mantengan centradas y acepten la energía de la otra pero no dependan de ella, se desarrolla una relación adictiva.

La conciencia de cómo rivalizamos por la energía constituye el primer paso hacia la recuperación de nuestro poder. El equilibrio empieza a restablecerse cuando dejamos de obtener nuestra carga energética de los demás y miramos dentro de nosotros mismos para buscar nuestra conexión con el espíritu.

 

Liberarse de la necesidad de controlar

Una vez que dejamos de depender del control como nuestra única forma de hacer que ocurran las cosas, nuestras vidas se abren milagrosamente. Dejar que el universo nos guíe devuelve el misterio a nuestra vida y nos hace sentir verdaderamente vivos. Si bien cada resistencia y sentimiento de lucha no es necesariamente «malo», porque puede darnos la oportunidad de ver qué debemos cambiar, existe una forma más excitante de vivir.

 

El propósito de la Cuarta Revelación es ayudarnos a reconocer nuestra necesidad de controlar la energía en las interacciones con los demás para sentir un empuje psicológico. Una vez que tomes conciencia de esta tendencia, es posible que desees «cambiar» su forma de relacionarse. Querer hacer algo forma parte de la naturaleza humana. No obstante, el punto clave en tu evolución es aumentar la conciencia sobre ti mismo y el universo. Si esperas cambios radicales o relaciones repentinamente armónicas y sigues aferrado a la competencia por la energía, no pienses que «no te sale». Ya se te presentará aquello de lo cual necesitas tomar conciencia. Si te sientes frustrado frente al progreso aparentemente lento, piensa que todas tus nuevas percepciones necesitan tiempo para integrarse a la totalidad de tu sistema de creencias.

 


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