La Novena Revelación


James Redfield

 

La Octava Revelación - 2da. Parte

 

La pareja. El psicólogo Harville Hendrix describe el proceso de la búsqueda de la pareja ideal como una búsqueda de cierta mezcla de rasgos que denomina la imago. Afirma que todos buscamos la mezcla familiar de características tanto positivas como negativas con las cuales nos criaron. En nuestro cerebro está registrado hasta el detalle más insignificante de cómo nos hablaban, nos tocaban y nos enseñaban, así como los atributos físicos, emocionales y mentales de nuestros padres. Al conocer gente, nos sentimos atraídos hacia aquellos que más se parecen a ese retrato inicial en nuestro inconsciente. Hendrix dice: «...independientemente de sus intenciones conscientes, la mayoría de las personas se sienten atraídas hacia compañeros que tienen los rasgos positivos y negativos de quienes las cuidaron y, normalmente, los rasgos negativos tienen una mayor influencia.»

 

El vínculo con la supervivencia. Las heridas que recibimos, las experiencias negativas, quedan profundamente marcadas en nuestro subconsciente. Como el esquema complejo de rasgos se armó en la infancia cuando dependíamos tanto de nuestros padres, la parte más profunda de nuestro cerebro conecta todos los rasgos positivos y negativos con nuestra supervivencia. Por lo tanto, cuando conocemos a ese alguien irresistible que responde a nuestro cuadro interior, empezamos a pensar que nuestra vida depende de él o ella.

 

Llenar el vacío. No sólo nos sentimos atraídos hacia la otra persona debido a que se ajusta a nuestros cuidadores originales, sino que la psiquis trata de llenar el vacío dejado por el padre del sexo opuesto. El impulso por recuperar la parte faltante, pero necesaria, de nuestro yo alimenta la adicción. No sólo buscamos la mitad sexual complementaria desde la infancia, sino que tendemos a atraer nuestros rasgos faltantes complementarios. Por ejemplo: una persona que es prudente y un poco metódica puede sentirse deslumbrada por otra que es decidida, competitiva y audaz. De repente, se ve a sí misma con más opciones y apoyo para hacer cambios. En lugar de desarrollar esos rasgos en sí misma, se vincula con otra que los muestra. Según Hendrix, «entramos en la relación con la suposición inconsciente de que nuestro compañero se convertirá en un padre adoptivo y cubrirá toda la privación de nuestra infancia. Lo único que tenemos que hacer para sanarnos es formar una relación estrecha y duradera».

 

Sanar la herida. No es ningún secreto que el amor romántico no se basa en el pensamiento lógico. Si fuéramos lógicos, elegiríamos personas que no tuvieran los aspectos negativos de nuestros padres y pudieran compensar nuestras heridas tempranas. Sin embargo, el impulso de ganar energía y convertirnos en un todo no es una elección consciente en la medida que es una necesidad inconsciente. Si vemos este impulso como un intento por sanar las viejas heridas, entonces nuestras atracciones podrían ser más lógicas.

Hendrix escribe: Sin embargo, la parte de nuestro cerebro que dirigió nuestra búsqueda de compañero, no fue nuestro nuevo cerebro lógico y ordenado; fue nuestro viejo cerebro fijado en el tiempo y miope. Y lo que nuestro viejo cerebro trataba de hacer era recrear las condiciones de nuestra crianza para corregirlas. Habiendo recibido suficiente alimento para sobrevivir pero no el suficiente para sentirse satisfecho, trataba de volver a la escena de nuestra frustración original para que pudiéramos resolver nuestro asunto inconcluso.

 

El círculo completo. La Octava Revelación también nos dice que además de estar cómodos con el sexo opuesto, tenemos que ser capaces de experimentar bienestar e incluso euforia cuando estamos solos. En la Quinta Revelación ya vimos cómo se sintió nuestro personaje al conectarse con la energía en la cima de la montaña. Cuando podemos mantenernos conscientemente solos en el flujo de la energía universal es porque entramos en el estado unificado de energía masculina y femenina. Hemos cerrado el círculo, desde adentro.

¿Cómo se siente cuando pasa tiempo solo? ¿Qué hace normalmente cuando está solo? ¿Tiende a refrescar su energía en soledad o en compañía de otros? ¿Cuándo fue la última vez que se sintió realmente feliz solo?

 

Estabilizar nuestra conexión con nuestro centro interno. Esta parte de la Revelación dice que al empezar a evolucionar, automáticamente recibimos la energía de nuestro sexo opuesto. No obstante, debemos tener mucho cuidado. El proceso de integración tarda en establecerse y si viene alguien que parece ofrecer esa energía directamente, es posible que desviemos toda nuestra atención hacia esa persona. Apartados una vez más de nuestro centro, regresamos al comportamiento de control. Una vez que nos estabilicemos, no correremos el riesgo de abandonar nuestra auténtica fuente.

¿Ha vivido solo durante algún tiempo? ¿Tiene algún método para mantener su centro interior? Quienes cosen, pintan, escriben, hacen trabajos manuales, ejercicios o meditación saben cuán enriquecedor es pasar tiempo consigo mismo.

Estabilizar nuestro canal de comunicación exige escuchar nuestro interior y sentir nuestros sentimientos. La estabilización está relacionada con la autoestima y la aceptación personal y la descarga de pensamientos negativos constantes.

Estabilizarnos significa que podemos reconocer nuestros dramas de control antes de vernos atrapados en ellos. Podemos pedir ayuda al universo sin esperar que alguien se ocupe de nosotros.

Cuando amamos a una persona no la amamos todo el tiempo exactamente de la misma manera, instante tras instante... Tenemos tan poca fe en el flujo y reflujo de la vida, el amor, las relaciones... la única certeza real no está en poseer o tener, tampoco en exigir o esperar, ni siquiera en esperar.

 

¿Qué es la codependencia? Las relaciones que se basan en el control y en impulsos y necesidades inconscientes son el blanco de la Octava Revelación. A fines de la década del ’70, la palabra «codependencia» empezó a utilizarse para describir a alguien que vivía o tenía que ver con un alcohólico. El codependiente, era la persona que trataba de manejar y controlar una situación intrínsecamente fuera de control. Desde que se estableció esa primera definición, el término «codependencia» se aplica a menudo a un espectro más amplio de relaciones que las químicamente adictivas. Ahora, podemos decir que toda nuestra sociedad está al borde de ser codependiente. Ciertamente, se ha escrito mucho sobre la forma en que esta actitud modela nuestras instituciones y empresas. Mucha gente pregunta: «¿Cómo sé si soy codependiente? Tal vez sólo me preocupa alguien y quiero ayudarlo».

 

El comportamiento codependiente. El principal indicador de la codependencia es el concentrar más atención en las acciones y los sentimientos de otras personas que en los propios y sentir que hay que controlar todo lo que pasa. Cuando nuestros pensamientos están dominados por lo que otras personas hacen, no estamos, por definición, centrados en nuestro propio proceso interior. Si su nivel de energía fluctúa en base a lo que otros dicen o hacen, es probable que sea codependiente. Si siente que debe vigilar todo y hacer que funcione, es probable que sea codependiente. Cuando luchamos por controlar, no permitimos que las sincronicidades del universo nos ayuden a desarrollarnos.

 

Los temas de la codependencia. Todas las historias de relaciones desequilibradas tienen un elemento en común: Toda la atención se centra en las acciones de otra persona. Hay necesidad de energía del otro. El control es un comportamiento esencial. La vida del codependiente está en suspenso o trabada. La persona perdió de vista sus propias metas. La relación tiene expectativas y roles rígidos. La sensación de ser absorbido es fuerte.

La Octava Revelación es muy clara cuando afirma que para poder avanzar en nuestra evolución debemos estar dispuestos a reconocer dónde tenemos estas codependencias y estar dispuestos a cambiar nuestra conexión con esas personas.

 

El verdadero romanticismo. ¿Qué pasa cuando estamos listos para tener una relación romántica? Tal como nos dijo la Revelación, no hay esperanzas de que tengamos una relación que tarde o temprano no termine en una lucha de poder hasta que no hayamos hecho nuestro trabajo de sanación psicológica y vivamos nuestra conexión espiritual. Estará mucho más cerca de tener la relación que quiere si: puede vivir satisfactoriamente sin una relación. No trata de llenarse con la energía de otra persona. No necesita controlar las acciones de la otra persona. Sabe cómo mantenerse centrado en su propia energía. Sabe honestamente cuáles son sus sentimientos. Se comunica sin culpar y manipular. No usa su drama de control. Puede mantenerse apartado de los problemas de la persona que quiere. Está abierto a los mensajes de las coincidencias. Se siente cómodo siendo tanto firme como receptivo. Puede avanzar hacia sus metas.

 

 

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