Contando Historias
La Rana y la Falta de Humildad
Una rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar. «Déjenmelo a mí -dijo la rana-. Tengo un cerebro espléndido». Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrares a la caña por la boca.
A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó: «¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?» Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: «¡A MI!» .
Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña, cayó al vacío, y murió.
Hay ocasiones en que la falta de humildad o el exceso de orgullo, pueden echar abajo los planes más excelentes.
Ranas
Érase una vez... diez ranas que iban atravesando un bosque y dos de ellas cayeron en un hoyo bastante hondo. El resto de las ranas se reunió alrededor del hoyo. Cuando vieron que éste era muy profundo, les dijeron a las dos ranas que se dieran por muertas.
Las dos ranas ignoraron los comentarios y trataron de saltar con todas sus fuerzas para salir del hoyo. Las demás ranas siguieron diciéndoles que se detuvieran, que se dieran por muertas.
Finalmente, una de las ranas hizo caso a lo que las otras ranas estaban diciendo y se dio por vencida. Se dejó caer al suelo y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como pudo.
De nuevo el grupo de ranas le gritó a la otra rana que no sufriera intentando salir y que mejor se dejara morir. Pero la rana saltaba más y más fuerte y finalmente logró salir. Resultó que esa rana era sorda y no le era posible oír el consejo de las demás. En todo momento pensó que sus compañeras la estaban animando para que saliera.
La palabra tiene el poder de la vida y de la muerte: Una palabra de aliento a alguien que está pasando por un mal momento puede reanimarlo y ayudarlo a salir adelante, pero una palabra destructiva para esa misma persona puede ser lo único que se necesite para matarlo. Nuestras palabras deberían ser siempre de aliento para todos aquellos que se cruzan en nuestro camino. A veces es difícil entender que una palabra pueda hacer tanto por alguien. Así que de ahora en adelante, reflexionemos lo que vamos a decir.
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