Tarot Zen de Osho
Renacimiento
En el Zen, tú vienes de la nada y estás yendo a la nada. Tú estás en el aquí, ahora. Ni vas ni vienes. Todo pasa a través tuyo: tu conciencia lo refleja pero no se identifica. Cuando un león ruge frente a un espejo, ¿piensas que es el espejo el que ruge? O, cuando el león se ha ido y llega un niño bailando, el espejo se olvida completamente del león y empieza a danzar con el niño, ¿piensas que el espejo danza con el niño? El espejo no hace nada: Simplemente refleja.
Tu conciencia es únicamente un espejo. Ni vienes ni vas. Las cosas van y vienen. Te vuelves joven, te vuelves viejo; estás vivo, estás muerto. Todos estos estados son simples reflejos en un remanso eterno de conciencia.
Esta carta describe la evolución de la conciencia, tal como lo desarrolla Friedrich Nietzsche en su libro, "Así habló Zaratustra". En él habla de tres niveles: el camello, el león y el niño.
El camello está adormecido, es soso, conformista. Vive engañado pensando que es la cumbre de una montaña, cuando en realidad está tan preocupado por la opinión de otros, que difícilmente tiene energía propia.
Emergiendo del camello está el león. Cuando nos damos cuenta de que hemos estado desperdiciando la vida, empezamos a decir no a las demandas de otros. Nos salimos de la multitud, solos y orgullosos, rugiendo nuestra verdad. Pero este no es el final.
Al final emerge el niño; no es rebelde ni conformista sino inocente, espontáneo y acorde con su propio ser.
Sea cual sea el espacio en el que estás ahora mismo, somnoliento y deprimido,
o rugiente y rebelde, sé consciente de que esto se transforma en algo nuevo,
si lo permites. Es una época de crecimiento y cambio.
|
|
¿Cómo está tu Perla? |
Esta es la historia de una ostra
marina:
Marina era un bicho de profundidad y como todas las de su raza, había buscado la
roca del fondo para agarrarse firmemente a ella. Una vez que lo consiguió, creyó
haber dado en el destino claro que le permitiría vivir sin contratiempos su ser
de ostra. Pero el creador había puesto su mirada en Marina y todo lo que en su
vida sucediera tendría como gran responsable al mismo Creador. Porque el
creador en su misterioso plan para ella, había decidido que Marina fuera
valiosa. Ella simplemente había deseado ser feliz. Un día el Creador le puso a
Marina su granito de arena. Fue durante una tormenta de profundidad; de esas que
casi no provocan oleaje de superficie, pero que remueven el fondo de los
océanos. Cuando el granito de arena entro en su existencia, Marina se cerró
violentamente. Así lo hacía siempre que algo entraba en su vida, porque es la
manera de alimentarse que tienen las ostras. Todo lo que entra en su vida es
atrapado, es integrado y asimilado. Si esto no es posible, se expulsa el objeto
extraño hacia el exterior.
Pero Marina no pudo hacer lo de siempre con el granito de arena. Pronto constató
que aquello era sumamente doloroso; la hería por dentro. Lejos de desintegrarse,
más bien la lastimaba a ella. Quiso entonces expulsar ese cuerpo extraño pero no
pudo. Ahí comenzó el drama de Marina. Lo que el Creador le había mandado
pertenecía a aquellas realidades que no se dejan integrar, y que tampoco se
pueden suprimir. El granito de arena era indigerible e inexpulsable. Y cuando
trató de olvidarlo, tampoco pudo, porque las realidades dolorosas que el
Creador envía son imposibles olvidar o de ignorar. Frente a esta situación se
hubiera pensado que Marina no le quedaba más que un camino: luchar contra su
dolor, rodeándolo con el pus de su amargura, generando un tumor que terminaría
por explotarle envenenando su vida y la de todos los que la rodeaban. Pero en su
vida había una hermosa cualidad; ella era capaz de producir sustancias sólidas.
Normalmente las ostras dedican esta cualidad a su tarea de fabricarse un
caparazón defensivo, rugoso por fuera y terso por dentro. Pero también pueden
dedicarlo a la construcción de una perla. Y eso fue lo que realizó Marina. Poco
a poco, y con lo mejor de sí misma, fue rodeando el granito de arena del dolor
que el Creador le había mandado, y a su alrededor comenzó a crecer una hermosa
perla. Muchos años después de la muerte de Marina, unos buzos bajaron hasta el
fondo del mar. Cuando la sacaron a la superficie se encontró en ella una hermosa
perla que al verla brillar con todos los colores del cielo y del mar,
nadie pregunto si Marina había sido feliz. Simplemente
supieron que había sido valiosa. Normalmente las ostras no tienen perlas. Éstas
son producidas sólo por aquellas ostras que se deciden a rodear, con lo mejor
de si mismas, el dolor de un cuerpo extraño que las ha herido.
¿Te has sentido lastimado por palabras hirientes? ¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste? ¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas? ¿O quizás fueron tomadas por alguien para presentarlas como propias? ¿Has sufrido golpes de los que adquieren ideas preconcebidas indebidamente? ¿Has sido objeto de la indiferencia? Entonces… ¡Produce una perla! Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor. Muchas personas sólo aprenden a cultivar resentimientos, dejando sus heridas abiertas, alimentándose con sentimientos pobres, los cuales impiden que las lesiones cicatricen. En la vida real vemos muchas "ostras vacías" no porque no hayan sido heridas, sino porque no han sabido perdonar, comprender y transformar el dolor en Amor. Vale la pena enfrentar las heridas. No seas vencido por los aspectos negativos, vence siempre con el bien. ¿Cómo está tu perla?
Autor desconocido.
Regresar a Revista 2 Pagina Siguiente