Calendario Maya

[Continuación de Revista 1/Página 3]

Los Mayas, sincronizadores galácticos, nos legaron un sistema complejo: el Tzolkin, un calendario basado en el movimiento de la luna, ella con sus cuatro fases de 7 días de duración cada una conforman un movimiento armónico de 28 días por luna, lo que hace un total de 13 lunas por año o 364 días de rotación de la tierra en su órbita, dejando un día llamado día fuera del tiempo o día verde, que es el salto a una octava superior una vez por año pues los sistemas galácticos tienen su movimiento en forma helicoidal y no circular.

 

Este calendario sagrado maya, según el cual elegían días propicios para sembrar o cosechar, nombraban a sus habitantes y realizaban rituales, entre otros usos, les permitía y nos permitirá administrar el tiempo de forma sabia, con el respaldo de conocimientos milenarios e investigaciones secretas de las órbitas del Sol, la luna, la tierra, Marte y Venus, entre otros astros. Este calendario posee 260 días, por lo que no es un calendario solar, sino un manual de tiempo que combina patrones que rigen la vida en cualquier forma. Tzolkin, es un nombre en Maya que menciona "la distribución de los días" (TZOL: Orden, KIN: Días). Este calendario o sincronizador galáctico es siempre eterno y su forma o plantilla es una estructura armónica que representa el tiempo natural.

 

Utilizando este calendario acompañamos a la naturaleza en su flujo evolutivo y ella nos acompaña a nosotros. Respetando este flujo de energía accedemos a la ley del mínimo esfuerzo, que significa con el menor uso de energía obtener el mayor y mejor resultado. Los mayas siempre se fijaban en el movimiento de la luna. Nunca sembraban cuando era tiempo donde se debía cosechar, siempre se fijaban las características de cada luna para saber que hacer. El calendario gregoriano es un instrumento totalmente desincronizado, pues su uso contempla una plantilla de 12 meses, con meses de 31, 30, 29 y 28 días según el mes. En esa irregularidad de días entra el movimiento lunar de 28 días en una plantilla de 30, mezclando parte de dos lunas en un mismo mes, amén de que ningún día tiene de por sí un significado en especial, puesto que si no es una fecha importante para nosotros, su uso es estrictamente comercial. El calendario gregoriano usa plantillas irregulares que distorsionan el tiempo, quedándose solamente en la tercera dimensión, atrapados por el ego, en una energía 12/60 (12 meses con horas de 60 minutos) usada solamente para trabajar y ser productivo. Esto sólo crea desincronización con el tiempo natural y el ser multidimensional que somos nosotros y nuestro querido planeta.

 

La importancia de sincronizarse con la 4ta Dimensión
Este sincronizador galáctico nos permite acceder a la cuarta dimensión, el tiempo, el aquí y ahora, para ascender a las quinta dimensión, donde no hay dualidad. El calendario Maya nos permite entender que cada día tiene un sentido y energías características. Conociendo esas energías podemos acceder a otras dimensiones, actuando en el día a día conforme la naturaleza lo permite o favorece. Cada día tiene fuerzas destino, guías, análogas, ocultas y antípodas, sabiendo como utilizarlas según sus cualidades y sus acciones nos favorecemos pues vamos en la dirección que estas van. También cada uno de nosotros somos una de esas energías que sabiendo como reconocernos nunca vamos a ir en contra de nuestra naturaleza. El calendario Maya nos permite saber que energía somos nosotros, cuál es el don con el que contamos y cuáles las energías análogas y ocultas que nos favorecen y de esta manera podemos crecer según las energías antípodas o desafío.

 

Desde el punto de vista del calendario Maya nosotros somos el cuerpo celular del planeta, si mi información energética y genética dice por ejemplo que soy una célula del hígado del planeta y yo trato de ser otra cosa, estoy yendo contra mi propia naturaleza eso me frustra y me hace sentir mal, sin comprender el por qué. Cuando me sincronizo con mi propia naturaleza y actúo desde ese punto voy siempre a favor de lo que tengo que ser y no de lo que se supone debería ser. También al saber que yo soy una célula del cuerpo planetario comparto con otros seres la misma información lo cual me permite acceder a un trabajo más participativo y comunitario conformando así un órgano de este planeta con una función especifica, de esta manera cumplo como mi misión planetaria.

 

 

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