Tiempo de Reflexión
El Miedo al conflicto es mala guía
Ángela Marulanda
Educadora Familiar
Aunque el miedo es una emoción valiosa cuando nos alerta sobre peligros que amenazan, deja de serlo cuando actuamos indebidamente amedrentados por él. Tal es el caso del miedo a los hijos, un sentimiento de proporciones epidémicas entre los padres de familia, que es hoy la causa de muchas de nuestras acciones y decisiones inapropiadas.
«Por miedo, no por bondad, surgieron los padres permisivos», afirmó el filósofo Jaime Barylko. En efecto, es el miedo a que los hijos no nos quieran por lo poco que nos ven, lo que nos anima a ponerles pocos límites y a darles los gustos. Es el miedo a que no nos cuenten sus cosas, lo que nos hace igualarnos con ellos y dejar de ser padres para convertirnos en compinches. Es el miedo a disgustarlos, lo que nos hace permitir que vayan a fiestas, lugares y paseos que no deben y con quien no deben. Es el miedo a que nos rechacen, por viejos o feos, lo que nos hace tratar de lucir tan jóvenes y bellos como los ídolos que admiran. Es el miedo a que nos tachen de anticuados, lo que nos hace permitir que se vistan en forma indecente, que vean películas horrendas, que se entretengan con música y juegos violentos o que tomen alcohol. Es el miedo a que fallen o sufran, lo que nos empuja a ayudarles más de lo debido y a asumir sus problemas como propios. Sin embargo, a lo que deberíamos tenerle más miedo es a que nuestros hijos fracasen por no saber esforzarse, a que tomen el mal camino porque se acostumbraron a que todos les está permitido; y a que no sepan amar porque aprendieron a recibir pero no a dar. Es decir que carezcan de lo que necesitan para llegar a ser personas estructuradas, seguras de sí mismas y correctas; atributos indispensables para triunfar.
El miedo al conflicto y a dejar recuerdos indeseables en los hijos es un sentimiento tan poderoso que nos motiva a decir sí cuando debemos decir no. Tiene que ser tenebroso estar bajo la tutela de unos padres débiles y amedrentados que ruegan para no ordenar, ceden para no disgustar y callan para no molestar. Es un peso enorme para nuestros hijos que le estemos apostando tan alto a ser amados por ellos y que temamos tanto a perder su aprobación.
Sólo en la medida en que nos dejemos guiar, no por nuestros temores sino por un verdadero amor por los hijos que se traduzca en hacer lo que más les convenga a ellos por difícil o doloroso que sea para nosotros, crecerá nuestro autorespeto y así también la solidez y certeza con que lideremos las etapas formativas de su vida. Y en esa misma medida crecerán las probabilidades de que ellos tengan las cualidades y atributos que precisan para crecer sanos en un mundo difícil y tener un papel protagónico en su destino.
Sobre
El DespertarAnthony De Melo
Espiritualidad significa despertar. La mayoría de las personas están dormidas, pero no lo saben. Nacen dormidas, viven dormidas, se casan dormidas, tienen hijos dormidas, mueren dormidas, sin despertarse nunca. Nunca comprenden el encanto y la belleza de esto que llamamos la existencia humana, pero lo trágico, es que la mayoría de las personas nunca llegan a darse cuenta que todo está bien, porque están dormidas. Tienen una pesadilla.
El año pasado oí en la televisión española una historia sobre un caballero que llama a la puerta de la alcoba de su hijo y dice:
- Jaime, ¡Despierta!
Jaime responde:
- No quiero levantarme, papá.
El padre grita:
- Levántate, tienes que ir a la escuela.
- No quiero ir a la escuela.
- ¿Por qué no?
- Por tres motivos: el primero, porque es aburrido; el segundo, porque los niños se burlan de mí; y el tercero, porque odio la escuela.
- Bien, voy a darte tres razones por las cuales DEBES ir a la escuela - replica el padre: la primera es porque es tu deber; la segunda, porque tienes cuarenta y cinco años y la tercera, porque eres el director.
¡Despierte usted, despierte! Ya está crecido. Está demasiado grande para estar dormido. ¡Despierte! deje de jugar con sus juguetes.
La mayoría de las personas dicen que quieren abandonar el jardín de infantes, pero no les crea. ¡No les crea! Lo único que quieren es remendar sus juguetes rotos. «Devuélvame a mi esposa. Devuélvame mi empleo. Devuélvame mi dinero, Devuélvame mi fama y mi éxito». Eso es lo que quieren; quieren que les cambien sus juguetes. Eso es todo. Hasta el mejor psicólogo le dirá que la gente realmente no quiere curarse. Lo que quiere es un alivio; una cura es dolorosa.
Despertarse es desagradable, usted lo sabe. Si Usted está placentera y confortablemente acostado, es irritante que lo despierten. Esa es la razón por la que un sabio no intentará despertar a la gente. Voy a ser sabio ahora y de ninguna manera intentaré despertarlo, si usted está dormido. Realmente, no es asunto mío aunque a veces le diga: ¡Despierte!
A mí me conviene hacer lo mío, danzar mi propia danza. Si a usted le aprovecha, ¡magnífico!; si no, ¡que lástima!
Como dicen los árabes: «La Naturaleza de la lluvia es la misma, pero hace que crezcan espinas en los pantanos y flores en los jardines».
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