Sat-Chit-Ananda


Swami Vishnudevananda

 

 

Todos nosotros, grandes y pequeños, santos y pecadores, ricos y pobres, reyes y mendigos, nos esforzamos en obtener la felicidad y no la miseria. Deseamos lo agradable y no lo desagradable. ¿Por qué no ser felices? El gozo es un deseo instintivo. Ahora bien, ¿qué porcentaje de bienestar desea el hombre? La respuesta es: el ciento por ciento. ¿Cómo puede obtenerse el ciento por ciento de felicidad? Tomemos un hombre que tiene cuanto desea y millones de dólares en el banco ¿Está satisfecho? Si tiene un millón de dólares, deseará dos y en el momento en que su deseo se vea cumplido, tratará de convertir los dos millones en cuatro, y así indefinidamente. ¿Existe algún límite en el que este hombre pueda encontrar satisfacción? ¿Por qué todas esas posesiones y dinero? La respuesta simple es para gozar de ellas. Pero, ¿obtendrá todo el gozo que busca multiplicando sus deseos? De nuevo no hay respuesta a cómo obtener el ciento por ciento de felicidad.

 

Esta demanda de felicidad continúa indefinida-mente porque el hombre busca vanamente en el exterior algo que ha perdido y que nunca será capaz de encontrar si continúa buscando en el mundo de los sentidos. Este algo es el gozo del Ser o Alma.

 

Una anciana perdió una aguja de oro en su habitación. Aunque la aguja se había perdido en la habitación, ella salió a buscarla al jardín, fuera de la casa y no solamente ella se puso a buscarla, sino que llamó también a su vecina. Cuando su amiga le preguntó por qué estaba buscando la aguja en el jardín en lugar de hacerlo en la habitación; su respuesta fue simple: «Porque en mi habitación no hay luz. Tengo que buscarla donde haya luz». De la misma manera, el hombre busca la perdida felicidad de su Alma en el mundo de los sentidos. Esta es la causa de la insatisfacción humana, al no poder encontrar la alegría interna del Alma. Hoy, mañana, o en la próxima vida, todos nosotros dejaremos de buscar nuestra felicidad en lo externo y nos tornaremos hacia nuestro Ser o Alma.

 

El Ser puro es, en sí, bienaventuranza. De aquí procede el innato deseo de felicidad. En sánscrito, este aspecto de bienaventuranza del Ser se llama ananda. El aspecto del conocimiento es chit, y el de la existencia, sat. Por consiguiente, se conoce al Ser como sat-chit-ananda (existencia, conocimiento y bienaventuranza). Esta triple naturaleza del Ser se expresa en el individuo como un triple deseo; (1) deseo de existencia, (2) deseo de conocimiento y (3) deseo de tener una naturaleza gozosa.

 

La cuestión que surge ahora es: Si la felicidad es la naturaleza del Ser, ¿por qué se siente miserable el hombre? La respuesta es que las dos fuentes de miseria son los sentimientos de posesión representados por «Yo» y «lo mío». Incluso el hombre instruido padece el sufrimiento de la enfermedad o es asaltado por el error de confundir el cuerpo temporal con el ser, y experimenta enorme dolor al perder a la esposa, al hijo o la fortuna, pero no así cuando pierde un enemigo, porque no hay «Yo» o «mío» en este caso. Esta bienaventuranza del ser, cuando está nublada, se conoce como amor, atracción por los cuerpos groseros y por las cosas externas. Esto es solamente una manifestación falseada de esa bienaventuranza. El dolor no es la naturaleza del alma. La cuestión de que el agua esté caliente muestra que la naturaleza del agua no es caliente, y si está caliente es porque existe una causa para ello (la unión con el fuego). Así como cuando el fuego (la causa del calor) desaparece, el calor se desvanece, y el agua retorna a su estado frío original, así también el dolor y la aflicción causados por el «Yo» y lo «mío», se desvanecen a medida que transcurre el tiempo. Igual que el calor no es una propiedad del agua, así tampoco la aflicción es una propiedad inherente al hombre. Por consiguiente, el hombre buscará siempre únicamente la felicidad del Ser y no el dolor del mundo sensorial.

 

Todo hombre existe; todo hombre tiene que saber y todo hombre está hecho para el amor. La existencia real es ilimitada, sin mezcla, sin combinación, no conoce cambio, es un alma libre. Cuando se mezcla con la mente se convierte en lo que llamamos existencia individual. Al oír hablar de la muerte de una persona siempre nos preguntamos: «¿Por qué?» Esta pregunta muestra que la muerte no es propiedad inherente del alma. Pero cuando oímos que alguien ha nacido, no preguntamos «¿Por qué vive?» Así pues, el vivir, o la existencia, es una propiedad inherente del ser. Si un niño tiene dos pesos y pierde uno de ellos, pregunta dónde ha ido el otro. Incluso un niño no cree que algo que existe pueda no existir. Por consiguiente, la naturaleza del Ser es existencia eterna, y no hay nacimiento o muerte para él, puesto que su naturaleza es la existencia misma.

 

El tercer aspecto del ser es el conocimiento. Todo el mundo desea ser independiente y erudito; todo el mundo desea ser un maestro. Nadie desea que otros le guíen. Todo el mundo, en lo profundo de su corazón, desea realmente ser un conocedor de todo, si fuera posible. A nadie le gusta creer que hay alguien que sabe más que él. Cualquier cosa que uno piensa, su religión, su filosofía, su ciencia, o Dios, es el mayor conocimiento. La causa real de tal pensamiento es que su Ser puro es el conocimiento mismo y cuando este conocimiento puro se asocia con la mente, se convierte en conocimiento subjetivo. Igual que un hombre que busca la felicidad eterna en el mundo exterior descubre que esa felicidad está dentro de él, así también la sed de conocimiento del hombre no se verá nunca satisfecha hasta que éste vuelva su vista hacia adentro. ¿Existe algún límite para el conocimiento del hombre? Los científicos descubren día y noche los misterios de la naturaleza y el hombre crece día tras día en conocimiento y fortaleza. Algunos escalan el Monte Everest para aprender y otros navegan bajo el océano Ártico, mientras otros vuelan los espacios exteriores.

 

Algunos se retiran del mundo y se refugian en las cuevas del Himalaya mientras otros vagan de un lugar a otro. Todos van en busca de conocimiento. Pero ¿de dónde obtiene el hombre el conocimiento completo? Los Upanishads declaran que todo conocimiento está en el ser, y, en efecto, el Ser es el conocimiento mismo. Este es el final del conocimiento o Vedanta. Este conocimiento eterno del Ser, cuando se refleja a través de la mente y del cerebro del hombre, se convierte en intuición, razón e instinto. Su manifestación varía de acuerdo con el medio a través del cual resplandece. En los animales inferiores se manifiesta como instinto; en el hombre, como razón y en los hombres avanzados, como intuición. La existencia individual es una manifestación de la existencia real del Ser, y la bienaventuranza, manifestada como amor o atracción, es un reflejo del ser Todobienaventurado. El conocimiento, existencia y bienaventuranza absolutos no son cualidades del Ser, sino que son Uno y Lo Mismo.

 

El Ser puro está condicionado por la mente y cuando se destruye esta limitación, el Ser incondicionado resplandece como Sat-chit-ananda (existencia, conocimiento y bienaventuranza), igual que el sol cuando desaparecen las nubes. Si un pequeño conocimiento teórico del ser aporta gran alegría y coraje a aquellos que están afligidos por el dolor y las miserias del mundo. ¿Cuál será el estado de gozo y felicidad obtenido con la realización del ser como Sat-chit-ananda? Aunque la realización absoluta del Ser para la gente ordinaria, en el actual estado de evolución, puede llevar mucho tiempo, uno puede obtener gran felicidad y consuelo siguiendo la senda del Yoga y del Vedanta mientras cumple con sus obligaciones mundanas. Aún cuando viva en su casa y cumpla con sus obligaciones de jefe de familia, un hombre sabio permanece allí como un huésped de honor, sin que nada le afecte. Del mismo modo, uno no siente felicidad ni miseria si vive como un maestro mientras reside en su cuerpo. Este desapego del cuerpo e identificación con el Ser Absoluto en todas las circunstancias es el auténtico conocimiento, que aporta la auténtica felicidad.

 

 

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