Imagina dos tubos que transportan agua desde el punto A al punto B. El primer tubo está tapado con toda clase de basura, causando que el agua apenas pase a gotas. El segundo tubo está limpio y libre, permitiendo que el agua fluya infinitamente.
Esta simple metáfora explica lo qué sucede cuando nos aferramos fuertemente a lo que pensamos "deben" ser las personas, situaciones y nosotros mismos. Cuando somos adictos al control, manejando cada pequeño detalle, incapaces de tener otro punto de vista de las cosas, bloqueamos el flujo de Luz en nuestras vidas.
Por ello, aquí es donde te digo que te abras y dejes entrar la Luz. Pero no confundas esto con "dejar ir, dejar a Dios", porque ésa no es para nada la forma en que funciona. Dios, la Luz, el Creador, Jesús, Alá o cualquiera fuente del bien a la que te conectas, no te va a dar todo en una bandeja de plata. Tú necesitas darte de topetazos en esta vida. Pero mientras más te recuerdes a ti mismo: "No veo el cuadro completo," más ayuda divina recibirás.
Yo tuve una estudiante hace unos cuantos años que estaba desesperada por quedar embarazada. Ella tenía una personalidad del tipo-A de verdad: una práctica médica exitosa, un esposo maravilloso y una gran vida social; lo tenía todo. Su mayor sueño era tener un niño, alguien a quien transmitir toda su sabiduría y grandeza. Ella tenía toda la vida del niño planificada: el mejor jardín de infancia, educación privada, Harvard, un año en Oxford, y así por el estilo. El único problema era que ella no podía concebir. No importaba a qué médico, acupunturista, yerbero o jefe indio acudía; nadie podía ayudarla.
Al trabajar con ella, exploramos las posibles causas espirituales de su dilema. Después de mucho escarbar profundamente, finalmente comprendió que el aferrarse tan fuertemente a sus expectativas sobre lo que el niño necesitaba ser, posiblemente le estaba impidiendo a ella concebir. Además de superarse internamente, ella siguió las varias recomendaciones kabbalísticas para vencer la infertilidad. Hoy, cuatro años más tarde, ¡es la madre de dos bellos gemelos! La enseñanza aquí es que el estancarse en lo que ella quería, le estaba impidiendo obtener lo que necesitaba.
En esta oportunidad te pido que hagas una lista con dos columnas. A una en un lado, titúlala: "Cada área en la que estoy estancado". Sé específico. Si es dinero, escribe: "Parece que no puedo ganar más de 'X' al año". Si es una relación, escribe: "mi esposa y yo ya no nos hablamos." Entonces, a la columna de la derecha titúlala: "Cómo puedo dejarlo ir". Puedes poner en esa columna: "dejar de tratar que mi esposa cambie", "dejar de subir por la escalera corporativa y encontrar otro trabajo." Tú captas la idea.
Si no deseas escribir las cosas, entonces aquí están algunas acciones prácticas que puedes realizar para dejar ir:
1. Pide consejo o ayuda
2. Descubre a quién has estado hiriendo como resultado de no dejar ir.
3. Pregúntate a ti mismo qué beneficio estás recibiendo al aferrarte tan fuertemente.
En el análisis final, todos somos controladores adictos. Esta semana, tratemos un poco de rehabilitación; ¿lo hacemos?
Todo lo mejor,
Yehudá
Secuencia de los 72 Nombres conectada con esta reflexión
Mi pasado ya no me tiene prisionero:
pesares pasados, traumas previos, dolor y sufrimiento.
Yo creo en milagros y en un futuro lleno de alegría.
¡Adquiero el valor de dejar ir y soltar!
Me desprendo.
De todo.
Punto.
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