Perdonar
Robin Casarjian
Aprender a perdonar en territorio neutral
El perdón es algo que puedes poner en práctica inmediatamente, aun cuando
todavía no te sientas con ánimo para perdonar a ciertas personas. Para
comenzar la práctica del perdón, yo recomiendo hacerlo en un territorio
neutral, es decir, con personas a las que realmente no se conoce. Aunque tal
vez se sienta la urgencia de perdonar a personas con las que se tiene una
relación difícil, el hecho de empezar por aquellas con las que no se tiene esa
relación hace más fácil introducirse en el proceso al comenzar por lo más
básico.
Hay quien suele preguntar: «¿Tengo que perdonarme a mí mismo antes de perdonar
a los demás?», o «¿Tengo que perdonar a los demás para poder perdonarme a mí
mismo?». Yo creo que es algo así como lo de: «¿Qué fue primero, el huevo o la
gallina?». En Alcohólicos Anónimos se sugiere que la única persona a la que se
necesita perdonar es uno mismo; una vez logrado esto, todos los demás serán
perdonados de un modo natural. Si bien la experiencia de perdonarse a uno
mismo lleva en último término a perdonar a los demás, a quien generalmente nos
resulta más difícil perdonar es a nosotros mismos. Como es más fácil perdonar
a los demás (por lo menos a algunos), comenzaremos por ahí.
Como he dicho antes, perdonar es algo más que lo que se hace cuando uno se
siente culpable, enfadado o resentido, aunque evidentemente es muy útil en
esos casos. En la manera más amplia de trabajar con el perdón, podemos
practicarlo con todas las personas y todo el mundo se convierte en nuestro
maestro.
Al principio el perdón es cuestión de práctica, algo similar a cuando
escogemos considerar las situaciones de maneras que pueden ser desconocidas:
requiere una decisión, un deseo y un compromiso conscientes. También
exige que se repita muchas veces para dominarlo, para integrarlo, para
sentirlo como algo natural.
Comenzar en un territorio neutral es como practicar y aprender algo que se
desconoce y en lo cual no se tiene pericia antes de que sea preciso emplearlo
de un modo más exigente. Al igual que cualquier otra técnica, al principio
puede resultar algo difícil. Cuando se está aprendiendo a esquiar, no es
cuestión de colocarse los esquís, ponerse de pie y lanzarse montaña abajo.
Comenzar por lo básico es, al menos, no tan arriesgado y más útil: primero hay
que acostumbrarse a tener los esquís puestos (familiarizarse con los nuevos
conceptos), después aprender a moverse con ellos (comprobar cómo se usan estas
nuevas percepciones), luego esquiar en pendientes suaves (practicar el perdón
con personas con las que no hay historias personales de rabia y dolor; esto
es, repito, lo que quiere decir «territorio neutral») y, finalmente, buscar
pendientes que exigen más destreza (perdonar a aquellos con los que uno está
enfadado y resentido, para lo cual se necesita mayor claridad, compasión,
disposición e intención). Empezar por perdonar en «territorio neutral» es como
un ejercicio de calentamiento para perdonar en relaciones en donde se nos ha
hecho algo.
Cuando conocemos a alguien, el impulso del ego es juzgar y hacer las
distinciones que determinan si estamos tratando con un amigo o un enemigo en
potencia. A los pocos minutos el ego suele establecer con firmeza si esa
persona ha de gustarnos o no. Estos juicios actúan para mantener cerrado
nuestro corazón y separarnos de los demás: «No soporto a las personas que
hablan así», «Opino que las mujeres que se pintan las uñas son estúpidas», o
«No me gustan los extranjeros». Nos mantenemos aparte debido a una presunción
de superioridad. O nos mantenemos aparte al establecer nuestra inferioridad:
«Yo no soy tan inteligente», «Soy menos atractiva», o «A su lado me siento
insignificante». Cuando estamos crónicamente confinados por los límites del
ego, esta separación se manifiesta bajo la forma de una sensación generalizada
de no valer o de una sensación exagerada de arrogancia y superioridad. O bien
nos menospreciamos y nos juzgamos considerando que estamos equivocados, o
proyectamos nuestra separación del propio Yo considerando que los demás están
equivocados, creando chivos expiatorios que lleven la carga de nuestros miedos
e inseguridades. Al perdonar en territorio neutral, podemos comenzar a sanar
los juicios, el miedo y la separación habituales que suelen impregnar gran
parte de nuestra vida.
Al empezar a practicar el perdón en territorio neutral, comenzamos a reconocer
el Ser esencial de los demás, que es fundamentalmente bueno e inocente y a
hacer brillar una luz sobre él. Al hacerlo también afirmamos nuestro propio
Ser esencial y nos comunicamos con él. Perdonar de esta manera no supone que
nosotros o los demás no seamos culpables de acciones concretas, sino que
significa que el acto cometido no resume de un modo impreciso nuestro carácter
ni la verdad total de quiénes somos ni de quiénes son los demás.
La teoría llevada a la práctica.
Cuando saludamos a alguien, solemos manifestar nuestro reconocimiento con un
«Hola». Normalmente es una expresión de la conciencia que tenemos de que la
otra persona (personalidad y cuerpo) está ahí. En una parte de África se
saluda con la palabra Sawubona, que significa «Te veo»; este «te veo» no se
refiere a un «tú» principalmente corporal, sino a un «tú» que es un Ser puro.
Es un reconocimiento de la naturaleza esencial de la otra persona, siempre
digna de respeto, gratitud y amor. Imaginemos que vamos por la vida
reconociendo y siendo reconocidos de esta manera. Imaginemos lo distinta que
podría ser nuestra vida ahora si mientras crecíamos se nos hubiera reconocido
ese brillante Ser que somos.
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