El Libro de
los Secretos
Deepak Chopra
El misterio de la vida es real
La vida que conoces es una delgada capa de acontecimientos que cubre una realidad más profunda. En ésta, eres parte de cada experiencia que ocurre, ocurrió y ocurrirá. En la realidad profunda sabes exactamente quién eres y cuál es tu propósito. No hay confusión ni conflictos con ninguna persona.
Tu propósito en la vida es fomentar la expansión y crecimiento de la
creación. Cuando te miras, sólo ves amor. Sin embargo, el misterio de la
vida no reside en estas cuestiones sino en cómo sacarlas a la superficie. Si
alguien me pidiera una prueba del misterio de la vida, la más clara sería la
enorme distancia entre la realidad profunda y la vida cotidiana. Desde que
nacemos recibimos constantes señales que sugieren la existencia de un mundo
distinto en nuestro interior. ¿Has experimentado estos momentos de asombro?
Ocurren al escuchar música hermosa o cuando el esplendor de la naturaleza nos
provoca un estremecimiento. También cuando vemos con el rabillo del ojo algo
familiar (la luz del amanecer, un árbol meciéndose con el viento, el rostro de
un ser querido mientras duerme) y sabemos que en ese instante la vida es más
de lo que parece.
Hemos pasado por alto innumerables señales porque no forman un mensaje claro.
He conocido a un número prodigioso de personas con experiencias espirituales
asombrosas: de niños vieron el alma de su abuela elevarse al momento de su
muerte o seres de luz durante una fiesta de cumpleaños, viajaron más allá de
sus cuerpos físicos o fueron recibidos tras acudir a la escuela por un
familiar que acababa de morir en un accidente automovilístico. (Un hombre me
contó que había sido un “niño de la burbuja” durante los primeros diez años de
su vida: viajaba en su burbuja sobre la ciudad y hacia tierras desconocidas.)
Millones de personas -no exagero, es el testimonio de encuestas públicas-
se han visto cubiertas por una luz blanca iridiscente; o han escuchado una voz
que saben proviene de Dios; o tuvieron guardianes invisibles en su infancia,
amigos secretos que los protegían durante el sueño.
Con el tiempo me di cuenta de que son más las personas que han tenido estas
experiencias (viajes a una realidad separada de ésta por un tenue velo de
incredulidad) que quienes no. Para correr el velo debes cambiar tus
percepciones. Se trata de un cambio personal, totalmente subjetivo, pero muy
real.
¿Cómo empezarías a resolver un misterio que está en todas partes pero que, de
alguna manera, no forma un mensaje articulado? Un gran detective como Sherlock
Holmes partiría de una deducción elemental: algo desconocido quiere darse a
conocer. Un misterio renuente a mostrarse se retiraría cada vez que nos
acercáramos. El misterio de la vida no se comporta así: sus secretos se
revelan inmediatamente si sabes en qué dirección mirar. Pero, ¿cuál es ésta?
La sabiduría del cuerpo es un buen punto de acceso a las dimensiones ocultas
de la vida: es totalmente invisible, pero innegable. Los investigadores
médicos empezaron a aceptar este hecho a mediados de los años ochenta.
Anteriormente se consideraba que la capacidad de la inteligencia era exclusiva
del cerebro, pero entonces se descubrieron indicios de inteligencia en el
sistema inmune y luego en el digestivo.
Ambos se valen de moléculas mensajeras especiales que circulan por todos los
órganos llevando información hacia y desde el cerebro, pero que también actúan
de manera autónoma. El glóbulo blanco que distingue entre bacterias invasoras
y partículas inofensivas de polen realiza una decisión inteligente pese a que
viaja en el flujo sanguíneo lejos del cerebro.
Hace diez años parecía absurdo hablar de inteligencia en los intestinos. Se
sabía que el revestimiento del tracto digestivo posee miles de terminaciones
nerviosas, pero se les consideraba simples extensiones del sistema nervioso,
un medio para mantener la insulsa tarea de extraer sustancias nutritivas del
alimento. Hoy sabemos que, después de todo, los intestinos no son tan
insulsos. Estas células nerviosas que se extienden por el tracto digestivo
forman un fino sistema que reacciona a sucesos externos: un comentario
perturbador en el trabajo, un peligro inminente, la muerte de un familiar. Las
reacciones del estómago son tan confiables como los pensamientos del cerebro,
e igualmente complicadas. Las células de colon, hígado y estómago también
piensan, sólo que no con el lenguaje verbal del cerebro. Lo que llamamos
“reacción visceral” es apenas un indicio de la compleja inteligencia de estos
miles de millones de células.
En una revolución médica radical, los científicos han accedido a una dimensión
oculta que nadie sospechaba: las células nos han superado en inteligencia
durante millones de años. De hecho, su sabiduría, más antigua que la cortical,
puede ser el mejor modelo de lo único anterior a ella: el cosmos. Quizá el
universo también nos supera en inteligencia.
Adonde quiera que vea, puedo percibir lo que la sabiduría cósmica intenta. Es
muy similar a lo que yo pretendo: crecer, expandir, crear; la diferencia es
que mi cuerpo coopera con el universo mejor que yo.
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