La Gran Invocación
por Vicente Beltrán Anglada
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,
Que afluya luz a las mentes de los hombres;
Que la Luz descienda a la Tierra.
Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones de los hombres;
Que Cristo retorne a la Tierra.
Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;
El propósito que los Maestros conocen y sirven.
Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.
Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.
Como ustedes se darán cuenta, en esta Invocación se tienen en cuenta tres absolutos factores o cualidades psicológicas: la Luz, el Amor y el Poder, es decir, la inteligencia, el sentimiento y la voluntad, y tres grandes Centros planetarios a través de los cuales tienen adecuada expresión: la Humanidad (o Raza de los hombres), la Jerarquía (Centro planetario del Amor, con Cristo como inspiración y guía) y Shamballa (el Centro en donde la Voluntad de Dios es conocida).
Lo que interesa evidenciar a través de estos comentarios acerca de La Gran Invocación, es la actuación constante de la Gran Ley de Fraternidad que rige en todos los mundos y en todos los Sistemas planetarios dentro del Cosmos Absoluto. Esta Ley de Solidaridad hizo posible La Gran Invocación que al ser recitada oral o mentalmente por muchos seres humanos, pone en vibración ciertos elementos dévicos dentro de los éteres capaces de transformar el mundo en términos de realización. Tales elementos dévicos, de increíble sutilidad, ponen en relación las mentes de los hombres con la mente de Dios a través del Señor Buda, punto iluminado y centro de iluminación dentro de la humanidad.
El amor de los hombres, la voz de su corazón, se pone asimismo en contacto con el Amor de Dios que fluye del Centro Solar conocido esotéricamente como “El Corazón del Sol”, a través de Cristo, punto de Amor infinito y centro de redención dentro de la humanidad.
Las pequeñas voluntades de los hombres desarrollan así progresivamente su propósito espiritual en virtud del poder que mana del gran Centro de Shamballa, en donde Sanat Kumara, depositario del Gran Propósito de la Deidad Solar para nuestro mundo, va introduciendo lenta pero inexorablemente las energías dinámicas de la Voluntad de Dios dentro de aquellas pequeñas voluntades que se agitan en el seno de la humanidad.
La Meta final de este triple proceso es “el Restablecimiento del Plan de Dios en la Tierra”, lo cual sólo será posible si se “sella la puerta donde halla el mal”. El triunfo del Bien constituye el fuego mismo del propósito de la Divinidad y la evolución planetaria en todos los niveles, desde el material más denso al espiritual más elevado y sutil, responden a ese Propósito esencial con la reafirmación constante del poder ígneo que arde en sus misteriosas entrañas y constituye la garantía del éxito final, venciendo todos los obstáculos y “enderezando constante y persistentemente los caminos del Señor”.
La Gran Invocación contiene un poder de tipo cósmico por sus directas relaciones con la Nueva Era de Acuario, de la cual se ha convertido en eficaz y positiva introductora. Utilizarla es poner en vibración ciertas energías “dormidas” todavía en los éteres planetarios de los distintos niveles y poner en estado de suprema expectación otras fuerzas de origen solar que agitándose en niveles etéricos cósmicos, están prestas a intervenir cada vez que el principio del Bien, de la Paz y de la Armonía cósmica sea invocado.
Vean ustedes pues que la gran tradición hermética espiritual tiene su continuidad en nuestros días a través de este Mántram Solar que estamos considerando, de reconocida potencia y eficacia. Si se deciden a estudiar esotéricamente su significado después de haber seguido las líneas luminosas de esta gran tradición que estuvieron presentes cuando fue confeccionado, serán conscientes de la Gran Ley de Fraternidad a la que constantemente hacemos referencia así como de la seguridad de que ningún llamado invocativo realizado con buena voluntad y deseo de bien quedará sin respuesta por parte de los Responsables Augustos del Plan planetario, solar y cósmico.
Cada Era de la humanidad ha tenido sus propios Mántrams e invocaciones solares que caracterizaron precisamente las exigencias y oportunidades de dicha Era en relación con el Plan o Propósito de la Deidad creadora. En la Era pasada en trance de desaparecer, o Era de Piscis, se dio a la raza de los hombres y a través de Cristo, el Mántram o Invocación conocida como el Padre Nuestro. Las cualidades principales de este Mántram, debido a la oportunidad de los tiempos y a las Constelaciones dominantes, así como al estado evolutivo de la humanidad, debían desarrollar la conciencia individual y despertar en los seres humanos el sentido creativo del amor. La Gran Invocación a la que nos referimos en este estudio, recoge aquel sagrado legado histórico y le añade la conciencia de grupo y la cualidad de Síntesis, que es el poder ígneo de la voluntad espiritual más elevada, ejercitada con amor y aplicada con inteligencia.
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