Frente al Espejo

de Virginia Gawel

Yo, que comí la cáscara
por no merecer la pulpa.
Yo, que le creí a la culpa
y me escondí tras su máscara.


Yo, que me abofeteé y me dije
los más obscenos insultos,
que me negué a darme indultos
condenándome a estar triste.


Yo, que suicidé mi anhelo
para lograr ser querido.
Yo, que me enemisté conmigo,
truncando todos mis vuelos.


Yo, que me escupí en la cara,
abusador de mí mismo.
Yo, que complací al cinismo,
sobornando a quien me amara.


Yo: exigente y despiadado
con nadie como conmigo.
Yo: mi más cruento enemigo,
mi juez y mi sentenciado...


Me levanté esta mañana
cansado de no quererme,

de apagarme, oscurecerme
(que mi luz no encandilara).

 

Vi en el espejo mis ojos
mirándome en mi mirada,
tantas veces empañada
por mirarme con enojo.

 

Y me di ternura. Y vi,
en ese rostro cansado
que me observaba extrañado,
lo bello de lo que fui:


Me vi ante los que han sufrido
amparando el desamparo.
Me vi austero, pero honrado.
Me vi noble. Me vi erguido.

 

Me vi venciendo al Abismo
sin mancha ni cicatriz.
Y quise hacerme feliz
honrando que soy yo mismo.
 
Que soy franco, solidario. 
Que soy leal y confiable,
y que cuando envainé mi sable
aposté a lo humanitario.

 

Sin autocompasión malsana,
fui piadoso ante mi pena,
y levanté mi condena
como el que amando se ama.

 

Aprecié que, pese a todo,
pese al error y al acierto,
siempre elegí estar despierto,
sin sumergirme en el lodo.

 
Y mirando mi mirada
me pedí perdón, llorando.
Y de mirarme mirando
amé a ese a quien miraba.

 

Quiero empezar a regarme,
jardinero de mí mismo,
porque no es egocentrismo
abrir mi Esencia y mostrarme.

 

Vine a Ser. Y eso decido.
Dispongo abrirme a la Vida.
Ya basta de tanta herida,
siendo heridor y el herido.

 

Por todo lo que viví,
a partir de este momento
cuento conmigo, pues siento
que puedo Confiar en Mí.

 


Cerrando Círculos

 

 

Cerrando círculos. O cerrando puertas. O cerrando capítulos. Como quiera llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

 

¿Terminó con su trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vive más en esa casa? ¿Debe irse de viaje? ¿La amistad se acabó?

 

Puede pasarse mucho tiempo de su presente ‘revolcándose’ en los por qués, en retroceder el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos.

 

¡¡A pasar la hoja!! ¡¡A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante!! No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió. Y hay que soltar, hay que desprenderse.

 

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces, es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa. Papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar.

 

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperen que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que «alguna vez se den cuenta de quién es usted».

 

Suelte el resentimiento, el prender ‘su televisor’ personal para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando ‘puertas abiertas’, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.

 

Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de ‘regresar’ (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.

 

¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni soberbia sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo.

 



Regresar a Revista 7                                                                                                                                                              Pagina Siguiente


 

 

 Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito
El contador de la Revista Luz del Alma®