Nuevos Niños



Los Seres Índigo, o Hijos Estelares, son Almas que, procedentes de otros Planetas o Dimensiones, han encarnado en Misión de Ayuda para la Humanidad de la Tierra. Índigo es el nombre de la Frecuencia Vibracional que estos seres portan consigo. Una Vibración de Cambio.

Desde 1992, una avalancha de «Niños Índigo» ha arribado a nuestro Planeta, aprovechando la apertura energética que éste comenzó a experimentar. A estas Almas Índigo que vienen por primera vez, se les conoce con el término de «Alfas».

 

Sin embargo, MILLONES de «Veteranos Índigo», hemos estado preparando el terreno para la Gran Revolución que liderarán estos chicos cuando lleguen a la adolescencia (en los años inmediatamente anteriores al 2012).

 

Esto ha estado ocurriendo en forma inconsciente, pues, al llegar aquí, olvidamos nuestros Orígenes Cósmicos. Sólo desde hace unos pocos años, un número creciente de los involucrados, hemos conocido y asumido nuestra Misión. Y ya es hora de difundir más este conocimiento. Estas palabras van especialmente dedicadas a los padres. ¿Cómo saber si tu niño es índigo? Veamos:

 

EL NIÑO ÍNDIGO

1) Vino al mundo con un sentido de realeza y actúa como tal.

2) Tiene un sentimiento de estar aquí y ahora.

3) Tiene un evidente sentido de identidad.

4) Tiene dificultades con la disciplina y la autoridad.

5) Rehúsa hacer ciertas cosas que se le ordenan, porque les parecen ilógicas.

6) Es para él una tortura esperar haciendo colas.

7) Se siente frustrado hacia sistemas estructurados y rutinarios que ahogan la creatividad.

8) Busca y/o encuentra mejores caminos para hacer las cosas, que las que le enseñan en la casa o la escuela.

9) Es un inconformista incorregible.

10) Se rehúsa a responder a la manipulación o el manejo mediante el uso de la culpa.

11) Se aburre fácilmente con las tareas que se le asignan.

12) Tiene síntomas de hiperactividad o desorden de atención.

13) Muestra una capacidad intuitiva inusual.

14) Es particularmente creativo.

15) Demuestra empatía y preocupación por los demás.

16) Desarrolló el pensamiento abstracto a muy temprana edad.

17) Es muy inteligente o dotado.

18) Tiene tendencia a soñar despierto.

19) Tiene una mirada profunda y sabia.

20) Manifiesta pensamientos o conceptos espirituales con naturalidad.

 

Es difícil enumerar características que valgan para todos los Niños Índigo (porque los hay de varios tipos, y con Misiones y Funciones específicas), pero si has reconocido a tu hijo en al menos 10 de estos puntos, él o ella muy probablemente es un Índigo. Si lo has reconocido en más de 15 de los puntos citados, con seguridad, lo es.

 

 


 

 

Los Hijos y los límites
 

Jaime Barylko
 


 

 

Aprenda a decir NO

En medio de tanto miedo a los hijos, miedo a los límites, miedo a perder la simpatía y la benevolencia de nuestros vástagos, aprendimos a decir solamente sí y nos reprimimos con el no, como si fuera maléfico.

 

El no es parte del sí. Sin no, el sí es falso, mentiroso y desvalido, además de producir efectos de invalidez psíquica. El sí estimula a la acción; el no, al crecimiento.

 

Estamos hechos de complejas configuraciones. El impulso egoísta prevalece en la consecución de nuestros fines que son, ya lo explicamos, de superioridad sobre el otro. La solidaridad se logra con el no que frena esos impulsos y procura desarrollar la tendencia hacia la colaboración, que es el proceso educativo central.

 

Explica Paul Watzlawick: «No cabe duda de que gran parte del proceso de socialización consiste en enseñar al niño aquello que no debe ver, no debe oír, no debe pensar, sentir o decir. Sin reglas muy definidas acerca de aquello que debe permanecer como ignorado, una sociedad ordenada resultaría tan inimaginable como una sociedad que no lograra enseñar a sus miembros aquello que deben saber y comunicar.»

 

Quizás el ejemplo más clásico y más notable en este punto sean las famosas Tablas de la Ley, que contienen los diez mandamientos. Son dos: de un lado están los mandamientos positivos, lo que se debe hacer, y del otro los negativos, lo que no hay que hacer. Ese es el modelo de la educación humana.

 

 

El placer del esfuerzo

En siglos pasados la vida era una carrera de obstáculos y el que se caía se rompía definitiva-mente la crisma.

 

En el siglo actual se procuró eliminar los obstáculos. Que la crianza de los niños y de los jóvenes sea dulce, lisa, tersa, enguantada, se dijo.


De la rigidez constrictora pasamos a la permisividad dulzona. En los extremos caemos y hacemos caer a nuestros hijos. Hay que facilitar la vida, por cierto, pero no quitar todos los obstáculos.

Para mucha gente en este siglo, dice Huxley, ya se ha vuelto un fastidio la carrera sin obstáculos. Cuando todo es elemental, a la mano, y cuando se puede todo, todo está permitido, todo se torna insulso y hasta aburrido. Esta educación para una vida sin obstáculos, obviamente, es mentirosa. La vida es obstáculo y saltos en largo y saltos en alto y a menudo saltos olímpicos.

 

Luego, cuando de pronto aparecen los obstáculos y el país de las maravillas deja de serlo, el joven - ocurre en muchos casos- se siente desahuciado y se retira, por así decir, de la carrera, y se desvía hacia caminos no exigentes, pasivos del facilismo que aprendió en brazos de papá y de mamá amantes y envolventes. Se retiran, renuncian y concluyen siendo desdichados sin remedio.

 

«Las placenteras emociones derivadas de la anuencia que se otorgue uno a sí mismo, interior o exteriormente, resultan insípidas en comparación de aquellas que tienen que ser alcanzadas por medio de laboriosos avances —que a veces no lo son— a través de obstáculos psicológicos hacia la meta deseada», sostiene Aldous Huxley.

 

 



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